La facilidad en el empleo de la palabra no se encuentra entre las virtudes del Presidente Zapatero. Su discurso lento, invadido de silencios y de extrema pobreza en la oratoria es patente en sus interlocuciones públicas. Y lo peor es que ha creado escuela, si no se lo creen, fijense en José Montilla. Zapatero nunca gana por KO, siempre gana a los puntos. En todo caso, hasta el momento le ha resultado sumamente rentable llegando incluso a ganar los dos debates de Estado de la Nación que le ha disputado a Mariano Rajoy. Recordemos que el líder del PP es registrador de la propiedad lo que lleva consigo aprobar unas oposiciones que exigen entre otras muchas cosas un dominio pleno del lenguaje aunque no lo parezca escuchando a ese señor de barba y puro en boca.
Zapatero se resiste a poner el punto final a su proyecto estrella, el famoso proceso de paz, cuando hasta la propia ETA se ha encargado de ello con un atentado que incluye dos asesinatos. En su más que decepcionante comparecencia el 30 de diciembre afirmaba que había ordenado suspender cualquier vía de diálogo con la banda terrorista. Las críticas a tal construcción verbal han sido numerosas con razón. Dejando a estos efectos la utilidad del diálogo con ETA en el momento en que los terroristas vuelven a matar se espera, como mínimo, del Presidente de la Nación una declaración de extraordinaria contundencia que no ha tenido ni mucho menos lugar.
El discurso de ZP se erigió en tres postulados: solidaridad con las víctimas, condena y suspensión. Faltó un ingrediente imprescindible, eché en falta una invocación al Estado de Derecho que curiosamente sí hizo un personaje al que no tengo ninguna estima, Pepe Blanco, al decir que a los asesinos de los dos ecuatorianos sólo les queda un cámino: la cárcel.
Esta tarde el siempre correcto Rubalcaba ha dejado las cosas claras. Sus palabras literales han sido: "el proceso está acabado, roto y liquidado". Es de agradecer que el Ministro del Interior no tenga el miedo a ciertas palabras que si manifiesta de forma insultante el Presidente que le ha nombrado.Poner el punto final al proceso no es darle la razón al PP. Es dar cumplimiento a una lógica democrática: a quien mata no se le entrega un micrófano para que hable sino que se le persigue con el único objetivo de llevarlos al juez para que dicte la pertinente sentencia.
Para finalizar, una reflexión a propósito de artículos anteriores. Es compatible la actitud dfe crítica a la AVT y al presidente Zapatero. Los privilegios de libertad que otorga la libertad de expresión así me lo permiten. En todo, profundizaré en este tema más adelante. Continuará...










